¡Moviendo el Pulpito del Monte Sinaí a Gólgota!

Por: Åge M. Åleskjær
De: June 2009
Encontrado en: El evangelio de la Gracia El antiguo pacto vs el nuevo pacto
Asegurémonos de compartir El Mensaje con nuestros pies bien plantados en Gólgota.

El evangelio son buenas nuevas a todo hombre. Es vital mantenerlo lo más puro y sencillo como realmente es para poder alcanzar gente ordinaria con las buenas nuevas. Mi pregunta para ti como ministro es la siguiente; “¿De que pulpito estas compartiendo – del Monte Sinaí o de Gólgota?” Asegurémonos de compartir El Mensaje ¡con nuestros pies bien plantados en Gólgota! En este artículo explico lo que significa esto.

La diferencia esencial

“Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra.” (Rom.7:6)

Existe una diferencia esencial entre “el régimen Viejo de la letra” y “la vida Nueva del Espíritu”. El régimen de la letra se trata completamente de los mandamientos y requisitos. Unos mandamientos dicen: “Harás…” pero la mayoría dicen “No harás…” La vida nueva del Espíritu está basado en una vida ¡que brota desde adentro! Esta es una diferencia gigante aun cuando el resultado es “para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros.” (Rom.8:4) La manera que cumplamos con la Ley es de importancia vital. Esta es la diferencia esencial que te quiero mostrar – la diferencia en la naturaleza. estamos predicando de una salvación y una santificación que depende completamente de Cristo y que está fundada en Su obra consumada. No caben en ella las obras propias ni el esfuerzo humano.  “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no es de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras… (Ef.2:8-10) 

El pulpito del “régimen de la letra” es el Monte Sinaí donde fue dada la Ley. El pulpito de “La vida Nueva del Espíritu” es Gólgota donde Jesús fue entregado como sacrificio por el pecado.

Reglamentos religiosos y tradiciones humanas no tienen ningún lugar en el Evangelio.

Desde que recibí como joven un llamado a enseñar el Evangelio, he entendido que como cristianos tenemos una tendencia de llevar muchas cargas, reglas religiosas y tradiciones humanas a nuestra vida cristiana. Estos son cargas que no pertenecen a la vida cristiana que nos ha dado Cristo. Lo que muchos de nosotros hemos compartido, ha sido una mezcla de la Ley y del Evangelio. Esto ha llevado a muchas personas a creer que el cristianismo es una religión basada en obras y actos humanos.

Existe un yugo sobre el cristianismo en todo el mundo hoy, y este yugo nos hace ineficientes en nuestra misión.

Existe un yugo sobre el cristianismo en todo el mundo hoy, y este yugo nos hace ineficientes en nuestra misión. Hemos sido muy buenos en “poner un yugo sobre el lomo de los discípulos,” aun cuando los primeros cristianos en unidad decidieron no hacer precisamente eso. (Hechos 15:10) En el concilio de Jerusalén estuvieron de acuerdo de que la Ley de Moisés, con sus mandatos y reglamentos, no aplicaba a la iglesia del Nuevo Testamento. Los convertidos iban a experimentar la vida y la libertad en Cristo, y a tener a Cristo como su Señor, Maestro y Cabeza. Toda la plenitud de vida fluiría de Cristo a ellos y El seria su única fuente de vida y piedad.

Sin embargo, la esclavitud espiritual trato de meterse a las Iglesias de Galacia. Aun cuando el apóstol Pablo en aquel entonces tenía la manera de corregirlos, nuevas generaciones de cristianos han experimentado la misma esclavitud tratando de influenciar sus vidas. Yo mismo me fui llevado también por esta corriente de doctrinas tradicionales en una iglesia tradicional denominacional donde yo pertenecía, luego en las tradiciones carismáticas pentecostales y al último en las tradiciones de lo que se llama el movimiento de Fe. Quiero que sepas que estoy agradecido por muchas cosas que aprendí a través de estos movimientos y agradezco haber ministrado ahí. La tristeza de mi corazón que ahora comparto contigo, es la tristeza del yugo que se nos ha subido, el yugo de reglamentos y tradiciones hechos por el hombre.

Estas tradiciones seguido crean en nuestras vidas una lucha y una ansiedad por tener que cumplir con ciertas cosas.

Jesús confrontaba a los fariseos y le dijo que estaban anulando la Palabra de Dios a causa de sus propias reglas y tradiciones. El mismo fenómeno sucede también hoy en día el cual les está robando a los cristianos la libertad que Cristo nos dio a través de su Redención. Estas tradiciones seguido crean en nuestras vidas una lucha y una ansiedad por tener que cumplir con ciertas cosas. De muchas formas termina de ser un evangelio solamente para los talentosos y enérgicos que produce perdedores que no logran vivir ni cumplir con los estándares que impone la religión hechos por el hombre. 

El apóstol Pablo nos advierte de los que “contaminan el evangelio de Cristo.” (Gal.1:7) Mi gran preocupación es que seguido se presenta un evangelio a grupos de personas que no son cristianos de una manera donde este suena más como “malas nuevas” en vez de “buenas nuevas”.

Creía que tenía que luchar para agradar a Dios

Yo crecí en una denominación evangélica tradicional que tenía una definición clara de lo que era la gracia. Esto me ha ayudado a llegar al entendimiento que ahora me gozo por tener. Pero aun así había muchas reglas religiosas que hacían que el cristianismo parecía una camisa de fuerza para los de afuera. El ambiente piadoso donde crecí, era bastante estricto. Entre otros, la ley de mantener el domingo como día santo, nos prohibía usar las tijeras o ir a pescar en domingos.  Hacer estas cosas en un domingo ¡se consideraba pecado!  Luego me congregue en iglesias pentecostales y carismáticas y descubrí que en algunas areas la lucha era peor. En aquel tiempo había muchas reglas de cómo debíamos de vestir. Las mujeres debían de usar el cabello largo para cubrir sus cabezas. También teníamos que abstenernos de ciertas bebidas y comidas. Estas reglas eran nuevas para mí, no los teníamos en la denominación de donde venia. Yo no sabía hasta entonces que el comer comida hecha con sangre de animal era pecado, o de que las mujeres tenían que usar el cabello largo para agradar a Dios. Pero rápidamente me ajuste al nuevo reglamento. También había ciertos requisitos para poder ser bautizado por el Espíritu Santo. Tenías que primero alcanzar un cierto nivel de santidad y ser capaz de orar y buscar suficientemente a Dios. Yo era muy enérgico y entre al reto con gran fervor y me sentía necesario e importante para Dios. Sin embargo no sucedió hasta que entendí que Jesús había hecho todo esto para mí hace dos mil años.

Es por gracia a través de la fe

Tenía que llegar al final de mis propias luchas para que pudiera suceder el milagro – ¡por gracia a través de la fe! Luego leí en Gálatas 3 y me di cuenta de que el apóstol Pablo estaba escribiendo sobre esto mismo. No solamente recibimos la salvación a través de la fe; también recibimos al Espíritu sin obras, solo por escuchar y creer – por gracia. (Ef.2:8-9)

Las cargas que Cristo ya cargo
El “movimiento de fe” tenía unos de los mismos fenómenos hablando de luchas y actuación Cristiana, pero en diferentes aéreas. Ahí la lucha estaba en lo que era la oración, guerra espiritual en contra del diablo y sus demonios y una lucha por tener más fe. Muchos pastores también luchaban por tener un enfoque importante en el crecimiento de la iglesia.

el ministerio de la condenación pertenece al Antiguo Pacto. Yo te he dado el ministerio de la justicia, el ministerio de la reconciliación y el ministerio del Espíritu

Sabes, la invitación de Jesús sigue siendo válida, “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os hare descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón, y hallareis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga. (Mat.11:28-30, RV, énfasis añadidos.)

Dios reviso mis bosquejos

Déjame compartir sobre un encuentro con Dios que cambio mi vida en los años setentas. En aquel tiempo ya había sido bautizado por el Espíritu Santo, y predicaba de la fe con mucha enjundia. Había entendido que “al que cree todo le es posible.” (Marco 9:23) Trataba entonces de predicar sobre la fe pero me frustraba ver la actitud de los cristianos hacia la Palabra de Fe.

Me habían enseñado ser el tipo de evangelista de adivinamientos, que hace su mejor esfuerzo para llevar la gente a sentirse lo mas culpable posible, y luego llamarlos a pasar al altar. Aparentemente este estilo de reuniones producía muchos resultados, y a veces respondía hasta la mitad de la congregación al llamado. Fue después de una reunión así, donde yo había reprendido a la congregación por su falta de fe, cuando el Espíritu Santo susurro a mi corazón; “Esto no es como se predica la Palabra de Fe. ¡Este es el ministerio de la condenación!”

¡Estaba sorprendido! En mi propia opinión, yo había estado predicando de fe. Sin embargo, el Señor me mostro que predicando como yo lo hacía, solamente iba a crear condenación; gente movida por culpa y condenación. Me dijo; “¡La Palabra de Fe produce fe! Tu manera de hacer lo que haces produce condenación y el ministerio de la condenación pertenece el Antiguo Pacto. Yo te he dado el ministerio de la justicia, el ministerio de la reconciliación y el ministerio del Espíritu.” (Ve 2 Cor.3:6-11)

T.L.Osborn dice; “No puedes predicar las buenas nuevas de malas, ¡solamente puedes predicar las buenas nuevas de buenas!”

Luego el Señor me guiaba a través de mis bosquejos de enseñanzas, y tuve que tirar más de la mitad de ellos, incluyendo mi sermón favorito, “No puedes engañar a Dios”. ¡Para mí esto era algo difícil! Pero fue después de esta revisión que vino un cambio total a mi ministerio. Solía ser un predicador que andaba de malas, ¡pero ahora soy un predicador que anda de buenas! T.L.Osborn dice; “No puedes predicar las buenas nuevas de malas, ¡solamente puedes predicar las buenas nuevas de buenas!”

Moviendo el Pulpito del Monte Sinaí a Gólgota

Mi primer encuentro con el Dr. David Yonggi Cho fue en una reunión en Noruega en el 1981. El es el fundador y el pastor de “Yoido Full Góspel Church” en Corea del Sur. Esta es la iglesia más grande del mundo. El Dr. Yonggi Cho nos conto sobre cómo fue a visitar a un ex compañero de la escuela Bíblica y como él estaba experimentando estancamiento y caídas en el número de miembros de su iglesia. Por el otro lado, el Dr. Cho estaba experimentando crecimiento y aumento, y este ex compañero invito a Dr. Cho para que le ayudara. El Dr. Cho predico un sermón de libertad sobre como Jesús nos había redimido de la maldición de la Ley. La gente recibió libertad y gozo y muchos fueron salvos, sanos y bautizados por el Espíritu Santo. 

El Dr. Cho pudo observar que su amigo no estaba contento. Por lo más gloriosa que era la reunión, más gruñón se ponía el amigo. De repente llego su reacción. El respondió diciendo algo como esto: “No deberías de predicarle a si a la congregación. Yo los conozco. ¡Necesitan ser reprendidos! Necesitan saber cómo deben de ser las cosas y todos los domingos yo los exhorto y los amonesto, porque eso es lo que necesitan.” 

El Señor me guiaba a través de mis bosquejos de enseñanzas, y tuve que tirar más de la mitad de ellos, incluyendo mi sermón favorito, “No puedes engañar a Dios.

Ahí fue cuando el Dr. Cho dijo las palabras tan libertadoras que se encuentran en el titulo de este articulo: ” ¡Tienes que mover el pulpito del Monte Sinaí a Gólgota!”En otras palabras; movernos del lugar donde la Ley fue dada al lugar donde la Gracia fue dada. Lo explico más detalladamente diciendo: “Hasta un perro entiende que si le pegas en la cabeza cada vez que llegue a comer a tu casa ¡se irá a comer con el vecino!”

Te puedes imaginar cuantas iglesias, capillas y asambleas existen que casi están vacías simplemente porque el mensaje que se ha predicado ha golpeado a la gente en la cabeza. Han escuchado frases como estas: “Lo que necesitamos es…,” “Si hubiéramos sido más…,” “he recibido una palabra que es muy seria para mi…,”

Todo el ambiente ha sido el mismo que hubo en el Monte de Sinaí. Si no ha sido la oscuridad, las tinieblas y la tempestad (Heb.12:18), de seguro han sido las reglas, los mandamientos y los requisitos; “Harás” y “no harás”.

El régimen nuevo del Espíritu y de Gólgota

Es realmente fácil llevar lo Viejo de la Letra a nuestra vida Cristiana y nuestra vida Cristiana se llena de reglas, mandamientos y de requisitos: “Tienes que leer y orar. Tienes que hablarles a los demás de Jesús. Tienes que ir a la iglesia y a las reuniones que hay etc.” La vida nueva en el Espíritu llena todas estas expectativas, pero esto sucede a través de la vida interior y no por los requisitos externos.

En otras palabras, movernos del lugar donde la Ley fue dada al lugar donde la Gracia fue dada.

Porque hemos permitido sobrevivir a lo “Viejo de la Letra”, el cristianismo se ha vuelto una religión basada en buenas obras así como cualquier otra religión. Pero nuestra fe es sin fuerza y sin valor sin el Cristo Vivo que resucito entre los muertos (1 Cor.15:14-20). Toda nuestra fe está basada en el hombre nuevo que fue creado cuando Cristo resucito de la muerte.  De la misma manera por morir al pecado y resucitar juntamente con El, también vivimos ahora una vida nueva (Rom. 6:1-11). Todo tiene su fundamento en Jesús en el monte de Gólgota, y lo único que hablamos es basado en su obra redentora en la cruz. Compartimos de la naturaleza nueva que hay en la “Vida Nueva en el Espíritu” y dejamos atrás “Lo viejo de la Letra” en el Monte de Sinaí.

 

 

 

Por: Åge M. Åleskjær

Former Senior Pastor at Oslo Christian Center, now spending most of his time ministering all over Norway and internationally.

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